Residencia de San Marcos


Itinerario de la Residencia de la Compañía en León.

1ª ÉPOCA. Colegio de San Miguel.

San Francisco de Borja, en carta escrita desde Lisboa, conservada hoy en el tesoro de la catedral de León, autoriza al Provincial de Castilla, P. Gil González Dávila, a aceptar la oferta del Obispo D. Juan de San Millán de fundar en León un Colegio: el Colegio de San Miguel. Este Colegio llegaría a contar con 1.000 alumnos. Su irradiación apostólica, en la ciudad, en la diócesis y en las misiones americanas, fue enorme. Allí fue escritor y profesor de filosofía el Venerable P. La Puente . El Colegio de San Miguel vivió la simbiosis tan propia de la Compañía que hace de cada centro educativo un centro de irradiación apostólica en un más amplio entorno.

El Colegio de San Miguel puede considerarse con propiedad la primera Residencia, o "Casa" de la Compañía en León, en el sentido que a la palabra Casa, como contradistinta de Colegio, dan las Constituciones. Su iglesia no estaba solo al servicio del Colegio. Era el aula apostólica para el denso entorno urbano que allí acudía a los cultos, y a nutrir sacramentalmente su espiritualidad. De aquel Colegio salía, como atestigua el P. Torres, toda la clerecía de la diócesis, y en él escuchaban los futuros sacerdotes cursos de casos de conciencia. Allí confesaba el P. Luis de la Puente, que recorría dominicalmente las parroquias vecinas. En las pestes de 1599 y 1644 los miembros de la comunidad atendieron heróicamente a los enfermos. 8 jesuitas murieron víctimas de la caridad.

La Compañía, expulsada de España por Carlos III 1767, perdió para siempre su contacto con el Colegio de San Miguel. Su iglesia es hoy la parroquia de Santa Marina. Su arquitectura y la imaginería de sus retablos proclaman inconfundiblemente sus señas de identidad.

2ª ÉPOCA. Colegio Máximo en San Marcos.

La Compañia, restaurada en 1814, vuelve a España en 1815 y se constituye en Provincia en 1823. Es desterrada de nuevo, en 1835, en el reinado de Isabel 11, y regresa en 1856. Tres años después, en 1859, la Compañía, no pudiendo conseguir alguno de los edificios deseados, y no considerando conveniente areptar otros que repetidamente se le ofrecieron, como San Lorenzo del Escorial, acabó aceptando de las autoridades de la nación el monumental edificio de San Marcos de León para "Colegio de Misiones de Ultramar ". Ese era el titulo que avalaba la cesión. El convento de San Marcos había sido la Sede Prioral de la Orden de Caballeros de Santiago para los territorios del reino de León, hasta su desahucio en la desamortización de 1835. Desde entonces había permanecido desatendido y había sufrido gran deterioro, tanto en la parte residencial como en la ig1esia. La Compañía hizo de él el Colegio Máximo para los estudiantes de Filosofía y Teología de toda la Provincia de España.

Al igual que antiguamente el Colegio de San Miguel, el Colegio Máximo de San Marcos fue un centro de notabilísima irradiación apostólica. Profesores y estudiantes realizaron en la ciudad y su entorno un vigoroso apostolado. Tuvieron especial resonancia los catecismos para los niños de la ciudad y pueblos circunvecinos. Su pedagogía catequística fue tan ejemplar, que en el Boletín Eclesiástico de Palencia se insta a enseñar "la doctrina cristiana a los niños según el método de los PP. Jesuitas en su iglesia de San Marcos en León".

Todo no duró más de ocho años. Los cursos se tuvieron desde 1860 hasta junio 1868 en que, una vez más, los jesuitas deben dejar España camino del destierro. También los de San Marcos. Entre ellos va el junior Luis Martín, (futuro General), que había llegado del juniorado de Loyola tres semanas antes para comenzar Filosofía. En sus memorias describe minuciosamente, día a día, y por horas, su odisea, el destierro y la asonada revolucionaria de León en aquellos tumultuoso s días. Dios escribe derecho con líneas torcidas: los once años en Francia del H. Luis :Martín, incluyendo los estudios de Filosofía y Teología en Poyanne, aportaron muy significativos valores al futuro General. Pero los jesuitas no volvieron más al edificio al Convento de San Marcos. Los Jesuitas tardarían 50 años en regresar a León. En 1875 el Gobernador negó al Ayuntamiento el permiso pedido para derruir el edificio.

3ª ÉPOCA. La Residencia y la Curia.


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