Nostalgia


Hoy ya no se escuchan por el camino del Cuco el pateo de las ovejas merinas, que en balido in- cesante y tintineo cascabelero, pasaron por este camino por donde hoy pasan los desvencijados coches de la Empresa Fernández. Porque sepan vuestras mercedes que el despreciable Cuco hasta hace cuatro o cinco años mordido por el tiempo y los baches, fue durante cinco siglos el camino por donde pasaban las ovejas del Honrado Concejo de la Mesta, desde las tierras de Extremadura hasta los jugosos pastos de Babia y de Maraña. Y no hace falta apretar mucho los ojos y la imaginación para ver a los pastores mesteros, con su atuendo en pelliza, unas albarcas, un perrazo y un cayado como el de las pinturas de San Isidro en su Panteón, cruzar bajo un sol canicular por donde hoy prensados a veces como las ovejas merinas, pasan nuestros alumnos cabalgando sobre cuatro ruedas.

También las alas del tiempo borraron lo que en un principio era este Colegio. Una Escuela Apostólica Vocacional. El fin principal no era hacer competencia a otros Colegios de la ciudad, como lo afirmó con potente voz el P. Céspedes, Provincial de la provincia jesuítica de León, cuando se hundió entre tintineos de piedrecitas, la primera piedra del futuro y actual Colegio. Íbamos a segar en distinto campo: en el campo vocacional; veníamos a enganchar con el anzuelo de la gracia a jóvenes para nuestra Compañía. Hoy de aquella primera intención. queda el recuerdo soñado de algo que pudo ser y nada fue sino unas cenizas frías. Hoy es un Colegio, que hace una cariñosa competencia a otros venerables Colegios, que sin duda se asomaron de puntillas para ver un Colegio nacido entre la cascajera de la zona llamada Babilonia.

Y no hace falta dar marcha atrás muy lejana en el túnel del tiempo para recordar aquellas solemnes distribuciones de premios. Una agotadora preparación de meses, para un día luminoso y alegre de Junio, en el Teatro Trianón, después de algún acto escénico, el P. Rector, escoltado por una apretada corona de profesores, bastantes, ensotanados, leía con solemne voz aquel solemne comienzo: "A mayor gloria de Dios, honor de la virtud..., se leen los nombres de aquellos que por su ejemplar conducta y constante aprovechamiento se hacen dignos...». y un escalofrío de emoción resbalaba por la columna vertebral, y una lágrima furtiva se escapaba de los ojos maternos, al ver a su hijo entre una cascada de aplausos, ser investido con una banda de seda que le cruzaba el pecho. La pedagogía moderna dice que estos aplausos enroscan un ácido nítrico de envidia en el corazón de los no nombrados..., y por eso se suprimieron las distribuciones de premios.

31 de Mayo. Mes de la diosa Venus y de la Virgen María. Mes de las flores y del estío. Durante bastantes años, aquella gruta de la Virgen del Pilar junto al actual campo de fútbol, se esmaltaba con flores naturales y silvestres; y por la tarde una serpenteante procesión de todo el Colegio, se iba acercando a la gruta en respetuoso y devoto silencio. Y los mayorones, los de Preu de entonces, hoy de C.O.U. o de 3° de B.U.P., cargaban sobre sus hombros el dulce peso de una Inmaculada en su imagen, desde la puerta hasta la gruta. Cantando en dos filas, con unos monaguillos elegantemente vestidos y entre nubes de incenso, recitaban poesías con mas voluntad que estro. y los propósitos quemados ante la Virgen crujían en cenizas de papel, que luego se dejaban formando una especie de bandera, entre la negrura de las pavesas y el álbeo mármol de la Virgen. Esto también, la moda se lo llevó todo.

Las fotografías nos los hacen revivir. Aquí están en varias de ellas ya algo ennegrecidas. Impecables en su blancura, con la limpia raya de su pelo en crenchas desiguales y los calcetines tan blancos como los zapatos: son los tiples. Los tiples que en su nacarada voz, entonaban motetes religiosos y cantos populares para celebrar a la patrona de los músicos: Santa Cecilia. Todos los años, el P. Redondo, después de largos y monótonos ensayos, presentaba a sus tiples el 22 de Noviembre ante los alumnos, sus compañeros, la comunidad educativa, y una apretada corona de familias, reunidas en el Salón de Actos. La fina voz de los tiples, y la acertada dirección del maestro Teófilo, dejaban una tempestad de aplausos, y un rosetón de felicitaciones a los actuantes. Hoy sin duda aquellos tiples serán unos venerables seño- res con alguna capa de nieve ya en su cabeza; y los cantos, también volaron en las mallas del tiempo.


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